"Una nueva visión del Sindicalismo"

Un nuevo tipo de sindicalismo

 

 

Un nuevo estadio de la producción capitalista motiva el alzamiento de otras formas de agrupación de los trabajadores. En Chile, el poder de los sindicatos se ha visto muy reducido y su capacidad de incidir en los asuntos públicos ha disminuido. Es necesario que la organización sindical evolucione y que se acerque a los intereses de sus representados y a las redes de poder.

 

 

Por Pablo Alberto Valenzuela, Licenciado en Ciencias Políticas y Gubernamentales, Universidad de Chile.

 

Durante gran parte del siglo XX, los movimientos sindicales fueron parte esencial de la vida laboral de muchos trabajadores y sirvieron de articuladores para grupos políticos que se hicieron con el poder. Gracias a esos sindicatos, aquéllos fueron capaces de crear amplias bases electorales. Sin ir más lejos, el Partido Peronista en Argentina tiene como base política, hasta hoy, a la CGT; en Chile, el presidente Allende se apoyó en numerosos sindicatos en su carrera hacia la presidencia de la República; y en Uruguay, la CNT es un componente significativo del Frente Amplio, actualmente en el poder con José Mujica.

 

Sin embargo, casos como el de Argentina y Uruguay, donde los movimientos sindicales aún son significativos y tienen una importante conexión con la política, son particulares. En general, el mundo ha visto surgir un nuevo tipo de sindicalismo. Sin perjuicio de que en varios países del viejo mundo la tasa de sindicalización y corporatización sigue siendo alta -como Dinamarca o Suecia e incluso Francia-, el surgimiento de un nuevo estadio de la producción capitalista viene atentando contra las viejas estructuras sindicales y motivando el alzamiento de otro tipo de formas de representación y agrupación de trabajadores.

 

Este nuevo tipo de estructura productiva ha visto la aparición de grandes multinacionales que se conectan a través de redes en varios países del mundo y también de la subcontratación. Las empresas buscan hoy ser más flexibles, las condiciones de empleo se vuelven más precarias -particularmente en los países en desarrollo- y entrar a trabajar a una empresa no significa tener trabajo por toda la vida, como ocurría con la estructura de producción fordista de principios de siglo, sustentada en los principios de la administración científica y la burocracia weberiana.

 

Se trata de los se ha llamado el postfordismo o el toyotismo, corriente que surge en Japón a principios de los años ochenta para competir con las estructuras productivas norteamericanas, particularmente en la industria automotriz.

 

En Chile, la ola de reformas capitalistas vino a reducir el poder de los sindicatos de manera importante. De acuerdo al informe del año 2004 del PNUD, para Chile los sindicatos están entre las organizaciones con menos poder, pues han perdido su capacidad para transmitir o interpretar los intereses de la ciudadanía. Los grupos sindicales se encuentran alejados de las redes de poder que han constituido las élites y, por lo tanto, su capacidad para incidir en los asuntos públicos ha disminuido. Lo anterior se condice con lo señalado con por la Encuesta de Condiciones Laborales (ENCLA) de 2008, que indica bajas tasas de sindicalización en el contexto de los países OCDE.

 

¿Significa esto que los trabajadores están perdiendo representación y poder? En general, sí. Los sindicatos han sido históricamente la forma que los trabajadores tienen para equiparar su poder de negociación con los empleadores. Sin una estructura sindical suficientemente fuerte no se hace posible la instalación del trabajo decente, concepto pregonado por la Organización Internacional del Trabajo. Un ejemplo de esto se da en Dinamarca con la “flexiseguridad”: se trata de un mercado laboral altamente flexible, pero con una presencia significativa del Estado en la protección laboral y con altas tasas de sindicalización que le entregan amplio poder de negociación a los trabajadores, cosa que en Chile no ocurre. Incluso el mismo Código del Trabajo desincentiva la agrupación sindical.

 

Pero es necesario reconocer también que las estructuras de producción mundiales han cambiado y, por lo tanto, los sindicatos deben evolucionar hacia nuevas formas de organización para acercarse a los intereses de sus representados y, adicionalmente, a las redes del poder. Dos ejemplos hay para esto. El primero es el SINAMI (Sindicato Interempresa Nacional de Trabajadores de Montaje Industrial, Obras Civiles y actividades anexas), que ha logrado superar las barreras de negociación por rama de actividad que impone el Código del Trabajo y que agrupa fundamentalmente a trabajadores subcontratados. Lo segundo tiene que ver con cómo el Estado incorpora a los sindicatos, como stakeholders, a los procesos de formulación de políticas laborales siguiendo procesos de mayor participación y gobernanza (Ver ballotage.cl).

 

Hay que tener en cuenta que muchas agrupaciones laborales están teniendo un comportamiento parecido a la mayoría de los movimientos sociales, donde los involucrados se agrupan en torno a un objetivo relativamente claro y una vez que lo han conseguido se dispersan, carecen de liderazgos fuertes y de fines trascendentes a la propia organización. Es una dinámica nueva y es un gran desafío incorporar los intereses de estos grupos a las políticas públicas.

 

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