Carta económica sobre el próximo gobierno.

Piñera nombró un gabinete ministerial a su imagen y semejanza. Sus integrantes han formado parte o tienen fuertes vínculos con grandes empresas. Su equipo económico ratifica el continuismo del modelo económico establecido en los años de la dictadura, seguramente acentuando rasgos aún más regresivos. Felipe Larraín destacó en sus primeras declaraciones su cercanía con el pensamiento económico de Andrés Velasco y las publicaciones conjuntas que tienen. El pasado de algunos integrantes del equipo ministerial es necesario recordarlo. Larroulet y Lavín desempeñaron funciones en el equipo económico de Pinochet. Se incorporan como ministros o asesores numerosos personeros del Instituto de Libertad y Desarrollo formado hace veinte años por Hernán Büchi. Los conflictos de intereses no se producen solamente si se tiene o no un número determinado de acciones de ciertas empresas sino por los vínculos que se establecieron o los intereses que se representan.

 

Un gabinete pro grandes empresas, gerencial y elitista.

  

Sebastián Piñera ha hablado de “unidad nacional”. Su gabinete, por el contrario – como era de suponer –, es marcadamente pro grandes empresas, pródigo de ejecutivos con cargos gerenciales y elitista. Una encuesta efectuada por El Mercurio, en lo fundamental, a grandes empresarios y ejecutivos de ellas le asignaron al equipo económico una nota seis. No es raro, ya que se trata de su gobierno. Más aún, cuando Piñera tiene la misma procedencia.

 

Tampoco es extraño que uno de los primeros problemas abordados sea el de conflictos de intereses que puedan presentarse. Ello formalmente se resolverá saliendo los ministros de los directorios de las sociedades anónimas que forman parte, haciendo dejación de funciones gerenciales o vendiendo acciones que posean. Pero ello no modifica el tema de fondo su procedencia y las redes de vínculos mutuos establecidos, en definitiva a los intereses que representan.

 

“Hasta ayer – escribió Carlos Peña -, Alfredo Moreno promovía los negocios de Falabella en los países vecinos. A contar de mañana, representará los intereses permanentes de Chile. Felipe Bulnes, por su parte, defendió a la multitienda ante el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia. Será ministro de Justicia. Y ambos, juntos con Laurance Golborne – antes ejecutivo de Cencosud -, participaron en la conocida “guerra de los plasmas”. Golborne será ministro de Minería. La guerra de los plasmas los enfrentó a todos ellos con el grupo Luksic, dueño de la revista Capital, de la que fue gerenta la nueva ministra del Sernam. Para qué seguir. ¿En qué país del mundo tamaña promiscuidad entre la administración del Estado y el mundo empresarial podría ser recibida como un triunfo de la técnica y de la gestión? ¿En qué país mínimamente crítico (…) todo esto podría ser aclamado como el triunfo de la excelencia y del mérito y la prueba final de la consolidación democrática?” (14/02/10).

 

En la nominación de subsecretarios se produjo un ejemplo extremo de este entrelazamiento “La designada subsecretaria de Obras Públicas, Loreto Silva –detalla El Mercurio entregando sus antecedentes- es una de las fundadoras de Copsa, el gremio de las concesionarias de Obras Públicas.  Desde un comienzo fue la abogada de la institución.  Trabajó primero con Vicente Domínguez y continuó con Herman Chadwick actual timonel de Copsa.  Ahora, en el MOP, pasará de subordinada a fiscalizadora de Chadwick, si es que éste sigue en Copsa” (20/02/10).  El relato habla por si solo.

 

Su carácter elitista se evidencia sólo con consignar que 17 de los 22 ministros efectuaron sus estudios de pregrado en la Universidad Católica, un 77,3%. Eso se reproduce en el binomio formado para dirigir el área económica constituido por Felipe Larraín y Juan Andrés Fontaine. Tendencia que se refuerza si se tiene presente además que los dos personeros de derecha en el consejo del Banco Central tienen la misma procedencia. La Universidad Católica es la que suscribió el acuerdo que condujo a la formación de los “Chicago boys”, que desempeñaron un papel básico en instaurar en Chile el “modelo económico” y en dirigir la economía de los años de dictadura. Pues bien ahora reaparecen, con algo más años, cuatro “Chicago boys”: Alfredo Moreno, Cristián Larroulet, Juan Andrés Fontaine y Joaquín Lavín. Desde luego los estudios de postgrado en el extranjero no constituyen un hecho negativo, al contrario, sino lo es la formación y pensamiento ideológico que representan.

 

Es útil detenerse en los vínculos empresariales de varios de los ministros, con mayor razón cuando el propio presidente es un protagonista muy importante en cualquier Mapa de la Extrema Riqueza desde hace quince años. Existe una maraña de vínculos que, sin duda, incidirá poderosamente en la gestión presidencial.

 

El ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Moreno, constituye un ejemplo característico de los múltiples lazos que los unen a grandes intereses económicos. Era miembro del directorio de Falabella, una de las grandes empresas del país en comercio al detalle y con presencia en varios países latinoamericanos (Argentina, Perú y Colombia, con actividades financieras en todos ellos). Desempeñó un papel protagónico en la venta de acciones del Banco de Chile, efectuada en 2001 por los grupos económicos Penta y Consorcio al grupo Luksic, que le dio su control. Empresas Penta tiene como accionistas mayoritarios a Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín, que administra activos por más de US$ 20.000 millones. A su vez, el grupo Consorcio, controlado en partes iguales por los grupos económicos Hurtado Vicuña y Fernández León, administra activos por más de US$ 5.000 millones. Igualmente, fue un actor determinante en el ingreso el año 2007 del grupo Del Rio a Falabella, pasando a tener un 22,34% de su capital accionario. También impulsó la fusión de Falabella con la cadena de supermercados D&S, rechazada por las autoridades antimonopolio. En resumen, ha sido un activo protagonista de grandes procesos de concentración empresarial.

 

Moreno al ser designado ministro era vicepresidente del Banco Penta y vicepresidente de Dersa, la empresa holding del grupo Del Rio. Moreno constituyó una consultora junto con Juan Bilbao, presidente del Consorcio Financiero, y Francisco Pérez Mackenna, gerente general de Quiñenco, el holding del grupo Luksic, que maneja activos mayores a los US$ 33.000 millones, controlando el Banco de Chile, Madeco y CCU. Entre 2005 y 2006 fue presidente del Instituto Chileno de Racionalización de Empresas (Icare). Es un ejemplo destacado de las poderosas redes que se forman al interior del gran empresariado. ¿Su gestión será independiente de estos vínculos? ¿Ellos desaparecen al renunciar a sus cargos?

 

Los cabezas del nuevo equipo económico, Felipe Larraín y Juan Andrés Fontaine, al momento de ser nominados eran miembros de directorios de sociedades claves de grandes grupos económicos. Larraín formaba parte del directorio de AntarChile, el holding a través del cual el grupo Angelini – uno de los más grandes del país - controla el mayor conglomerado existente en territorio nacional, Empresas Copec. A su turno, Fontaine estaba en el directorio de Quiñenco, que ya mencionamos anteriormente, y que es una de las dos estructuras fundamentales a través del cual se expresan los Luksic, el grupo económico chileno más internacionalizado, la otra es Antofagasta Minerals. Además era director en el Banco de Chile, el segundo mayor del país, Transelec, Socovesa y presidía la Bolsa Electrónica. En los años noventa creó la empresa de asesoría financiera Fontaine & Paul, que ha trabajado para numerosas grandes empresas.

 

Por tanto, sus vínculos con el gran empresariado son muy poderosos. Financial Times destacó que sus nominaciones constituyen una señal muy clara de “continuidad económica” (11/02/10). Es decir, de una política que se impuso en lo fundamental en los años  de dictadura. La publicación británica subraya en particular que se seguirá con la regla fiscal que se viene aplicando desde la administración Lagos y que en esencia limita el nivel del gasto público en función de los ingresos que se consideran permanentes y que condujo a la no utilización – salvo parcialmente en 2009 para cubrir el déficit presupuestario – de un porcentaje de los recursos extraordinarios percibidos por el alto nivel alcanzado durante varios años con la cotización del cobre.

 

El propio Piñera, al dar a conocer el listado de los subsecretarios, se pronunció por una política muy cuidadosa de gasto público, al hablar de un “marco presupuestario austero para 2010, que nos obligará a priorizar las necesidades más sensibles de la gente, pero que no nos permitirá acoger todas las demandas de la ciudadanía, por justos y legítimos que sean” (20/02/10).  ¿Es necesario recordar que normalmente todas las decisiones fundamentales fiscales fueron aprobadas en acuerdo con la derecha?  ¿no se conocía desde que se aprobó el presupuesto –con los votos de la derecha- que había déficit fiscal?

 

Aún antes de asumir Piñera se sumó a una corriente de opinión promovida a nivel mundial por los sectores más conservadores en contra de los déficit fiscales, aunque ellos se originan básicamente en las caídas en los niveles de actividad económica y en las políticas contracíclicas.  ¿No sería más importante que se preocupase prioritariamente del desempleo masivo?  Para enfrentarlo fiscalmente obviamente hay que seguir utilizando mecanismos anticiclicos hasta el momento que las tasas de desempleo se alejan claramente de los dos dígitos.  Sin duda, no se ha hecho todo lo que se necesita en este terreno, manteniéndose incluso un subsidio de cesantía absolutamente precario,  con muy bajo aporte estatal.  ¿Seguirá sin resolverse?

 

Larraín destacó en sus entrevistas de prensa luego de ser designado su cercanía con el pensamiento económico de Andrés Velasco, ratificando así que en lo fundamental persistirá la misma política. “(…) tenemos – declaró – muchos puntos en común con Andrés Velasco, los dos venimos del mundo académico, somos bastante amigos y hemos escrito cinco trabajos que están publicados dentro y fuera de Chile. Soy bastante cercano a los ministros de Hacienda de la Concertación” (14/02/10). Confirma así nuestra opinión de continuismo en la política económica.  Con un cambio no menor bien interpretado por un chiste que circula profusamente en internet:  “el país es dirigido ahora directamente por sus propios dueños”, en otras palabras, por el poder económico.

 

Cristián Larroulet y Joaquín Lavín, nombrados como ministros en la Secretaria General de la Presidencia y Educación, respectivamente, tienen un pasado común que no es posible olvidar. Ambos cumplieron funciones no desdeñables en los equipos económicos de la dictadura. ¿Es un tema menor? Se lo trata de minimizar cuando se afirma, como lo hizo editorialmente La Tercera, que el gobierno de Piñera “representa a un sector que no ha gobernado en Chile en más de cincuenta años” (16/02/10). Ello es absolutamente falso, desde septiembre de 1973 hasta inicios de 1990 apoyó y participó en la dictadura de Pinochet.

 

Larroulet encabezaba hasta ahora el centro más ortodoxo del pensamiento neoliberal, el Instituto Libertad y Desarrollo (ILD), varios de cuyos miembros de su dirección pasan a ocupar cargos ministeriales: entre ellos, Felipe Kast y la vocera Ena von Baer. Posteriormente se designó el director de investigaciones de dicho centro, Tomás Flores, en la subsecretaría de Economía, y a su directora del programa económico, Rosanna Costa, al frente de la Dirección de Presupuestos. El ILD fue fundado por Hernan Büchi ,  ministro de Hacienda de la dictadura, hace veinte años, o sea al comienzo de los gobiernos de la Concertación. “Sería negar la realidad – dijo su nuevo director Luis Larraín – que tenemos mucha identificación con las personas que estarán en el gobierno de Sebastián Piñera”. ILD remplaza a Expansiva, en quien se apoyó en los inicios de su gobierno Michelle Bachelet o a Cieplan durante la administración de Patricio Aylwin. “Nosotros – declaró Luis Larraín – tenemos que evitar sufrir el ‘síndrome de Cieplan’, que fue una disminución de la influencia de la institución a partir de llenar los cuadros técnicos del gobierno” (16/02/10).

 

Larroulet y Lavín tienen también otro elemento en común: uno y otro fueron fundadores de la Universidad del Desarrollo, una de las instituciones superiores “cota mil” y beneficiaria privilegiada de contribuciones financieras de grupos económicos. Para hacer aún más fuerte esta presencia, Lavín nominó como su jefe de gabinete a Felipe Silva Méndez, hijo del rector y uno de los fundadores de la Universidad del Desarrollo, Ernesto Silva. El nominado jefe del gabinete se desempeñaba desde 2007 como investigador del ILD. Con Lavín llega a hacerse cargo de la educación un miembro del Opus Dei, que cuando fue alcalde de Las Condes promovió personalmente la transformación de escuelas municipales a particulares subvencionadas. Constituye una provocación a buena parte del alumnado y el profesorado.

 

Si para ministro de Educación se eligió a un miembro de una de las universidades de elite. Otro tanto se hizo en el ministerio de Salud. Se designó a Jaime Mañalich, director desde 1995 de la Clínica Las Condes (CLC) e integrante del directorio de la Asociación Gremial de Clínicas y Hospitales Privados. Tenía intereses en la empresa cuyos accionistas principales son también integrantes de importantes grupos económicos, como Andrés Navarro, Álvaro Saieh, así como Fernández León, Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín que están representados a través de la Isapre Banmédica. Es decir, para ministro de Salud se nominó al director de una de las clínicas privadas de elite, donde Piñera, por lo demás, era miembro de su directorio y uno de sus accionistas más destacados.

 

 Esta relación estrecha entre grandes intereses económicos se expresó al poner en venta Sebastián Piñera el 9,76% de las acciones de CLC, ya que la primera opción de compra la tuvieron los integrantes de un pacto de accionistas con Sebastián Piñera,  en el cual participaban además Banmédica (10,28% de las acciones), los hermanos Navarro (5,01%) y Alvaro Saieh (5,20%). El pacto no hizo uso de su opción. Banmédica actuó así porque su objetivo es el segmento C2-C3 de la población y no el ABC1 al que atiende la CLC. De esta manera, el pacto redujo su participación accionaria de 30,2% a 20,4%. También posee acciones Maria Cecilia Karlezi, hija de Maria Luisa Solari, accionista de Falabella. El paquete fue adquirido por Celfin Capital, en representación de un reducido grupo de inversionistas, recibiendo Piñera US$37,9 millones. Simultáneamente María Cecilia Karlezi adquirió otro 0,37% de los títulos, aumentando su participación a 10,41%, transformándose en la mayor accionista.

 

 

CLC: Estructura de propiedad antes de la venta

(Fuente: Diario Financiero. En porcentajes del total.)

Accionista

%

Accionista

%

Banmédica (Penta, Fernández León)

10,24

CorpVida (Alvaro Saieh)

5,20

Inv. Santa Filomena (M.C. Karlezi)

10,04

Grupo Navarro

5,01

Sebastián Piñera

9,70

 

 

 

Para ministra del Trabajo fue elegida Camila Merino, cuya experiencia se nutre de sus actividades en SQM, el holding controlado por Julio Ponce Lerou, y desde el año 2007 en la empresa estatal Metro. “Yo fuí vicepresidente de Recursos Humanos en SQM. En Metro también tuvimos dos negociaciones colectivas”, declaró la ministra como carta de presentación (10/02/10). Desde luego, en ambas instituciones representó los intereses empresariales.

 

En resumen, las procedencias del equipo ministerial expresa muy claramente su carácter, que es similar a la del propio presidente de la Republica. Se destacó en la presentación que Piñera hizo del gabinete sus conocimientos técnicos o su formación académica. De ello no hay duda. El gran asunto reside en función de qué intereses se colocan esos conocimientos. Y, en consecuencia, como enfrenta grandes temas existentes en la sociedad chilena. ¿Un presidente y un gabinete que forman parte o tienen vínculos con el gran empresariado puede esperarse que contribuyan a reducir la profunda desigualdad existente en el país en materia de distribución del ingreso? ¿O puede esperarse que modifique en un sentido positivo el Mapa de la Extrema Riqueza?

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